La "armada" minera que sentencia a muerte las cuencas del Caroní y Paragua

Durante el último trimestre de 2025, el asedio contra las fuentes de agua dulce más importantes de Venezuela ha alcanzado niveles de industrialización alarmantes. Reportes de campo confirman un aumento exponencial en la presencia de balsas y dragas en las cuencas de los ríos Caroní y Paragua, las arterias vitales que alimentan el complejo hidroeléctrico de Guayana.

La flota de la destrucción: "Dragones" y capital foráneo
Ya no se trata de minería a pequeña escala. Los ríos están siendo tomados por estructuras flotantes valoradas entre 10 mil y 50 mil dólares, financiadas frecuentemente por inversionistas extranjeros (brasileños) y guayaneses, bajo la protección de grupos armados. Las unidades más potentes, conocidas como "dragones", son verdaderos edificios flotantes de varios pisos, equipados con motores de 60 caballos de fuerza, internet satelital y tuberías de 10 pulgadas capaces de succionar el lecho del río sin pausa.

Según cálculos técnicos, una sola balsa media puede remover hasta 86.4 toneladas de sedimentos al día. Esta capacidad de destrucción masiva explica la transformación radical del paisaje fluvial: ríos antes cristalinos, como el Clarita de Uroy en el municipio Sifontes, se han convertido en torrentes de fango irreversible.

Invasión al corazón de Canaima y amenaza al Guri
La impunidad es absoluta. En una sola noche de octubre, se contabilizaron diez puntos de luz —correspondientes a balsas operativas— sobre el río Kukenán, dentro del Sector Oriental del Parque Nacional Canaima. "Con certeza, esas luces equivalen a minas de orilla", confirmaron fuentes locales. El daño se extiende al río Icabarú, donde la confluencia con el río Parkupik muestra un contraste macabro entre aguas prístinas y el lodo minero.

Pero la amenaza va más allá de la ecología; es un suicidio energético. La actividad minera ha sido detectada en el Caroní Medio y, lo que es más grave, presencia de balsas en el propio Embalse de Guri y en el Bajo Caroní. En el sector Icabarú, la voracidad es tal que mineros han desviado el cauce del río Uaiparú para trabajarlo en tierra, y en zonas como Wasina, las riberas han sido carcomidas hasta dejar cráteres irrecuperables.

Mientras el país padece crisis eléctrica, la administración de Nicolás Maduro permite que las mafias del oro sedimenten y envenenen las turbinas que iluminan a Venezuela, priorizando el saqueo inmediato sobre la viabilidad de la nación.